EL PESO EXACTO DE LOS DÍAS
SIPNOSIS
Se
trata de una colección de relatos y microrrelatos de ficción en la que
se entrelazan historias breves que capturan momentos, sensaciones y situaciones
diversas. Al prosa es concisa y precisa: los textos
funcionan como destellos narrativos que buscan condensar una gran carga de
significado en muy pocas palabras.
Pilar
Galán convierte lo cotidiano —los rituales de la vida diaria, las
relaciones familiares, las rutinas y los recuerdos— en materia literaria
profunda, capaz de revelar la intensidad escondida en lo aparentemente
insignificante. A este sustrato realista se suman, en algunos relatos, elementos
fantásticos o insólitos —como vampiros, muertos que regresan o panteras en
la jungla— que introducen sorpresa y amplían el horizonte simbólico del libro.
El
tono general combina una melancolía serena, vinculada al paso del
tiempo, con un humor sutil que atenúa la reflexión más grave y aporta
equilibrio emocional. Se trata de un estilo que invita a la introspección y a
una lectura atenta, capaz de descubrir un significado mayor en un objeto mínimo
o en una escena cotidiana.
SOBRE LA AUTORA
Colabora con medios de comunicación con columnas de opinión y coordina varios talleres literarios, además de participar en numerosas antologías y ciclos de conferencias, como los “Diálogos con Pilar Galán.Escribe una columna de opinión, "Jueves sociales", en El Periódico de Extremadura. Coordina varios talleres literarios y ha participado en numerosas antologías y ciclos de conferencias, como los Diálogos con Pilar Galán. Ha ganado el premio Giner de los Ríos a la innovación educativa junto con el grupo de trabajo Ars Docendi y ha escrito numerosas publicaciones sobre didáctica de las lenguas clásicas y sobre literatura y sintaxis
LA CRÍTICA
Pilar Galán mide la vida en relatos breves: “Hay días que pesan como piedra y otros que son pura espuma”
'El peso exacto de los días': píldoras narrativas antes de regresar al fragor de la batalla
Unos microrrelatos son más realistas, otros más fantasiosos, y también, muy en su estilo, los hay más sobrios y risueños, por no hablar de los que tienen un matiz macabro («Siete vidas», «Espantapájaros», «Pinito del Oro»).
Hay al menos dos microrrelatos que abordan de manera indisimulada la ya citada cotidianidad, bien desde su defensa («Paraíso»), bien como agente desestabilizador, como ocurre en «Nuestra canción», una de mis ficciones preferidas, donde se describe ese actuar «de memoria» que, paradójicamente, solo encuentra una salida airosa tras un giro de guion dramático.
https://www.elperiodicoextremadura.com/
Pilar Galán es escritora, profesora, columnista de este diario y académica numeraria de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. También una firme defensora del mundo rural, de la región, porque "desde la periferia siempre se mira de otra forma". En sus ratos libres escribe, esta vez una obra de microrrelatos; esas grandes historias condensadas en pocas líneas, capaces de iluminar la mente y la mirada sobre cómo se entiende la vida. 'El peso exacto de los días' es ese con el que uno carga en un mundo cada vez más fugaz. En este viaje literario, la autora recorre una infancia marcada por los primos de Francia que llegaban al pueblo, la prisa de la rutina que puede borrarse de golpe con un contestador automático y lo importante que pueden llegar a ser los zapatos de una madre.
En los relatos conviven lo cotidiano con un tono de tragedia, a veces de ternura, pero siempre hay una parte de crueldad y un giro final. ¿Qué quería mostrar con ese contraste?
Mi último libro, que publiqué hace tres años, era una historia sobre mi madre, sobre el duelo, su fallecimiento y qué se hace después. Pensaba que tras hablar de mí no tendría mucho más que contar, pero es que la realidad está tan mezclada con la ficción que es imposible no ponerse a escribir, porque suceden cosas que parecen inventadas. Por eso aparece esa mezcla de cotidianidad y tragedia; es la vida misma. Como decía Monterroso, a quien admiro, "los cuentos buenos siempre son tristes" porque reflejan la vida. Creo que los escritores somos gente que mira y cuenta. Mirar el mundo como si fuera nuevo es difícil, pero hasta de conversaciones que escucho por la calle salen historias, es como si de pronto encontrases un hilo del que tirar y, cuando sale bien, qué bien sale. Muchas escenas cotidianas son muy tristes, es el motivo por el que hay tantos microrrelatos protagonizados por personas mayores; tienen ese punto de niñez que aporta ternura, pero también están la soledad y la tragedia: los niños crecen pero los ancianos no, y eso es desolador.
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