“Yo soy la auténtica huella, la prueba más sólida de todo lo
que vivimos durante diez años en Argelia. Llevo en mí la historia de toda una
guerra, inscrita en mi piel desde que era una niña. Mi pequeña Hurí, ¿qué
harías tú con una madre como yo en un país que no nos quiere a las mujeres, o
solo de noche? Te contaré todo lo que pueda, pero en algún momento tendremos
que parar. Soy un libro cuyo final es el tuyo.». Aube es una joven argelina que lleva la tragedia marcada en
el cuerpo: una enorme cicatriz en el cuello y las cuerdas vocales destruidas,
secuelas de la guerra civil de los años noventa. Muda, Aube solo puede contar
su historia a la hija que lleva en su vientre. Pero ¿tiene derecho a tener a
esa niña? ¿Puede dar la vida una mujer a la que prácticamente le arrebataron la
suya? En un país que ha votado leyes para castigar a todo aquel que evoque la
guerra civil, Aube decide volver a su aldea natal, donde todo empezó, con la
esperanza de que los muertos puedan procurarle las respuestas que los vivos le
niegan.
SOBRE EL AUTOR
Kamel
Daoud nació en 1970 en Mesra (Argelia). Es autor de las novelas La Fable du
nain (2003), Ô Pharaon (2005), Meursault, contre-enquête (con la que en 2014 se
dio a conocer en Francia) y Zabor ou Les psaumes (2017), así como de varios
libros de cuentos y crónicas. Como periodista, ha trabajado durante buena parte
de su carrera en el diario Le Quotidien d’Oran y colaborado con otros medios
como Libération, Le Monde o The New York Times. Durante la «década negra» de
Argelia —época que sirve de telón de fondo a esta novela— ya ejercía como
reportero, cubriendo algunas de las masacres de una guerra civil que causó
másde 200.000 muertos, pero de la que la ley vigente prohíbe hablar, por lo que
Huríes ha suscitado una gran polémica en su país. Por su posición muy crítica
con el fanatismo religioso, que considera una rémora para Argelia y enemigo de
la libertad intelectual y de expresión, en 2014 fue amenazado con una fetua. En
2020 se instaló en París, «exiliado por la fuerza de las cosas», según sus
propias palabras.
El
innegable sentido político de la novela queda al servicio de una historia que conmueve
desde la serenidad y la belleza de una prosa lírica de imágenes estremecedoras
con una cadencia rítmica envolvente.Kamel Daoud es capaz de sorprender con una fractura narrativa, cuando el
destino parecía volverse predecible, al descomponer el relato en tres partes
con aparentes
saltos temporales, interrupciones y vacíos, donde la voz interior de Aube teje,
como Sherezade, la trama no sólo en el monólogo interior inicial, sino también
a través de otros personajes que se encuentra en un improvisado y peligroso
viaje de regreso a Had Chekala. En el librero Aissa en la segunda parte o Hamra
y el Imán en la tercera, Aube encuentra el reflejo de la niña que sobrevivió a
su hermana sintiéndose culpable. Sólo conoceremos todos los detalles de lo
sucedido aquella noche del 31 de diciembre de
1999 al concluir la novela.
La
narradora principal de la novela tiene dos nombres: Fajr y Aube —Amanecer en
árabe y francés— o, como ella los llama, sus idiomas externo e interno. Como
tantas otras víctimas de la guerra, le cortaron la garganta (un capítulo
inicial establece un paralelismo con las ovejas que se sacrifican para Eid
al-Adha, la festividad islámica más importante). Si bien toda su familia fue
eliminada, Aube sobrevivió milagrosamente, pero perdió las cuerdas vocales y la
capacidad de hablar Además de una cicatriz muy visible, se ve obligada a vivir con
un tubo insertado en la garganta que le permite respirar. Como ella misma dice,
la cicatriz es «la larga firma caligráfica del asesino que no tuvo tiempo de
acabar conmigo». Adoptada por una abogada soltera (que también fue abandonada
de bebé), Aube recibió una buena educación y ahora regenta una peluquería.
Irónicamente, está situada frente a una mezquita, donde un imán fanático
arremete contra cualquier rastro o símbolo visible de feminidad. Al comienzo de
la historia, Aube se enfrenta a un terrible dilema para una joven argelina:
está soltera y embarazada.
“Yo
soy la auténtica huella, la prueba más sólida de todo lo que vivimos durante diez
años en Argelia. Llevo en mí la historia de toda una guerra, inscrita en mi piel
desde que era una niña”, escribe Kamel Daoud. Lo hace a través de la voz interior
de Aube, la protagonista de Huríes y superviviente de un degollamiento. La
novela, incómoda y proscrita en su país de origen, reivindica la memoria olvidada
de la guerra civil que desangró Argelia en los años 90 del siglo pasado, hoy
sepultada bajo capas de silencio y olvido oficiales."
La memoria y el olvido. Recordar es un deber moral y
político.¿quién recuerda
y quién olvida las masacres?Aube/Fajr, guardiana de lo que otros
quieren borrar, sobreviviente de la década negra, encarna la memoria viva
frente a un país que intenta olvidar por conveniencia, miedo o culpa. Su
monólogo interior es un acto de resistencia contra la amnesia colectiva.
El cuerpo como territorio
de violencia las huríes prometidas por el islamismo radical son usadas como
pretexto para justificar la violencia contra cuerpos reales: el de Aube y el de
otras mujeres.
El cuerpo femenino aparece como víctima del fanatismo y símbolo del trauma
social.
La maternidad como acto de resistencia Aube habla a su hija nonata: es un diálogo interior hacia
un futuro que puede devolver sentido a la vida tras la masacre. La maternidad se convierte aquí en un acto político: sobrevivir para
transmitir memoria. El embarazo es esperanza y, al mismo tiempo, miedo.
La fe, el
fanatismo y la manipulación religiosa Daoud critica cómo el islamismo radical instrumentaliza
la religión, vaciándola de espiritualidad para convertirla en arma. El mito de las huríes es el eje simbólico de esa manipulación: se promete un
paraíso sensual para justificar la muerte y la matanza.
El silencio como
herida y como lenguaje: El silencio tiene doble cara: imposición y resistencia.
Aube no puede hablar. Su silencio simboliza la censura
social, la represión del trauma, el lugar marginal de las víctimas.Su voz interior
demuestra que incluso sin voz puede narrar y denunciar
La guerra civil argelina como herida colectiva. La
violencia política como cicatriz generacional.Daoud denuncia la incapacidad del Estado y de la sociedad
para enfrentar las atrocidades, y muestra cómo las víctimas quedan relegadas a
los márgen
La escritura como defensa contra la muerte El libro es un “acto de escritura” donde contar la historia
salva lo que la guerra quiso destruir. La narración es un refugio frente al olvido y una forma de justicia simbólica.La palabra escrita
sustituye la voz perdida. Narrar se convierte en sobrevivir.
La representación del trauma El trauma se expresa como fragmentación del tiempo, interrupciones del pensamiento, repeticiones obsesivas, imposibilidad de hablar. La forma narrativa reproduce la psicología de una
sobreviviente que vive entre la culpa, el miedo y la necesidad de testimoniar.
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SIPNOSIS ¿Qué ocurrió realmente en la fiesta celebrada anoche? ¿Hubo alguna víctima? ¿Qué contiene la caja que nuestro jefe nos entrega en secreto, pidiéndonos que no la abramos, y dentro de la cual se detecta una agitación, un mínimo llanto? ¿Será un ser vivo o un mecanismo de relojería? ¿Quién es “esa otra persona que no nos interesa”, que suele aparecer en las relaciones de pareja casi siempre adosada al ser amado y de la que es imposible librarse? ¿De qué clase de apocalipsis huye esa familia que abandona la ciudad con lo puesto y termina vagando perdida por el bosque? En todos estos relatos hay un reverso de sombra, un vértice de silencio, algo que no se nombra directamente pero que es una invitación al lector para que se sumerja y participe en la construcción del sentido. Para que intervenga en la extraña normalidad de estos diez sueños, y pueda encontrar un poco de claridad o un lapicero contra la desdicha. Páginas que resplandecen con luz propia. Técnicas de iluminación. ...
POESÍA PARA EL CLUB DE LECTURA Leer poesía hoy es un acto individual pero en sus orígenes los poemas eran cantos que celebraban un nacimiento o despedía a un ser querido, eran corales porque se cantaban en el campo cuando recogían el grano o pedían buenas cosechas a los dioses. La tertulia literaria de Espacio Matrix vuelve a esos orígenes y propone un encuentro para que leamos algunos versos en torno a los cuales hablemos de poesía. El desafío era sugestivo, una selección de poemas y un guión con dos o tres ideas sobre las que hilvanar la conversación. Hablar de poesía es hablar de la vida y de cómo cantarla; no sólo cómo expresar un sentimiento, sino cómo convertir una vivencia, un recuerdo o una sensación en un texto brevísimo y con ritmo. La poesía, creo, tiene que tener mensaje, político, social, vivencial, filosófico, de cualquier tipo, pero sin fondo de poco sirven las hermosas palabras. Y, al mismo tiempo, ha de expresarlo alejándose de la lengua coloquial. E...
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